La ocasión ameritaba tener un jardinero un poco más presentable pero él había llegado a Buenos Aires con el mismo que animaba cumpleaños felices en Rosario.  A él le daba exactamente lo mismo porque no tenía idea de lo que estaba pasando ni de lo que ese momento generaría para él y muchos más.
Aunque  todo cambió cuando alguien le recordó que iba a tocar por primera vez en Obras y no en los bares de cada día de su Rosario natal.
Y subió nomás al gigantesco escenario con su guitarrita y una fortaleza de amigos y compañeros de andanzas musicales. Con las piernas temblando, quizás, y luego de encomendarse con los ojos al tinglado, arrancó con la misma “Mirta de regreso” que imploraban todas las radios nacionales.
Con unos simples y emotivos acordes el miedo ya no tenía nada que hacer ni arriba ni abajo de las tablas. Fueron miles las voces  que entonaron al unísono algo similar a un himno redentor pero que en realidad no era más que el nuevo estilo rockero que necesitábamos los argentinos.
¿Acaso este misterioso salto desde el interior del país fue un fugaz rescate de buena suerte o consecuencia de la expresión sostenida de los que luego fueron apoderados como LA TROVA ROSARINA? Quién sabe. Ni ellos ni nosotros podemos dar con lo cierto porque a esta altura ya estamos seguros  que no existe una verdad sino infinidad de verdades enroscándose mutuamente.
Lo que sí sabemos es que este cuasi milagro había comenzado en el Café de la Flor, una noche como cualquier otra cuando los chicos cansados de pulular por las calles de la ciudad con “la bandera más larga del mundo” mostraban en carne viva sus creaciones.  
Pero justo en esa noche ahí estaba sentado  don Julio Avigliano, representante de Facundo Cabral,  quien no titubeó un segundo en decirle: “Pibe, nos vamos a grabar a EMI”. Así fue como nació el histórico “Tiempos difíciles” marcando record en venta y en sujetos que se sentían identificados.
Los tiempos siguen siendo complicados pero algo hemos aprendido: que los valores de una sociedad no se moldan a los palos sino compartiendo espacios, diferencias, e intelectos.
Por eso, por qué no, uno de estos días recitaremos –con alegría nostálgica- desde el Café que lo pujó: “Juan Carlos de Regreso”.

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