Un lugar mítico, un espacio nocturno que funcionó como bar concert a principios de los 80.
En este café los jóvenes se reunían para a presenciar los primeros pasos de músicos que más tarde formarían parte de la llamada “Trova Rosarina”.

Por ahí pasó Abonizio, Fandermole, Goldín, también Baglietto y el niño Páez. Hasta el locutor Quique Pesoa desplegó su talento para la actuación sobre el escenario del Café de la Flor.
El legendario bar céntrico reabre sus puertas y sólo con el nombre entusiasma a nostálgicos que acceden a recordar vivencias en este reducto cultural con identidad rosarina.

El café concert fue un fenómeno de finales de los 60 y buena parte de los 70. La ciudad se encontraba entre las más importantes del país en cantidad de salas de este tipo. La moda del café concert que se inició en Rosario en aquellos tiempos fue como consecuencia del éxito de los mismos en Buenos Aires. De esta manera, los espectáculos eran más económicos en su producción que el teatro convencional ya que se trataba de espectáculos unipersonales o con un elenco reducido, con mayor impacto en una franja muy definida y más heterogénea de público. En estos lugares se mezclaban el humor, la música popular, la revista y el teatro.

Cada uno de estos lugares tenía un clima particular. El Café de la Flor funcionaba en una vieja casona y eso le daba un toque místico. Los bohemios parroquianos elegían este andurrial céntrico para tomar unos vinos, disfrutar de los espectáculos y saborear unas empanadas de carne como en ningún otro lado.

Por el escenario del Café de la Flor pasaron artistas de renombre y jóvenes que daban sus primeros pasos en la música. Ya se reabren las puertas del Café de la Flor, un bar mítico que todavía encierra parte de la rica historia cultural de la ciudad •